Opinión

 martes 08 de noviembre de 2022

 

Cartas al pasado: Soy fuego

Foto: Twitter

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Un día tuve una discusión con mi papá, dije cosas fuertes, no fueron groserías, pero sí de gran contenido emocional, de esas palabras que lastiman el alma. No fue la primera ni la última vez, lo hice también con varias personas a mi alrededor.

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Me justificaba pensando que aún era adolescente, y que actuar así, era propio de la edad. Escuchaba decir; es que así son los jóvenes, son rebeldes, eso reforzó mi conducta. Pensaba entonces que así era yo, que ese era mi carácter. Nunca iba a cambiar, las personas me tendrían que aceptar así. Era fuego.

La vida siguió y yo seguí con ella, continuaba con esa actitud, los problemas y situaciones difíciles se iban acumulando, ya eran parte de mí, creía que eso era normal, sin darme cuenta, el peso de esas acciones era cada vez era mayor, lo que dificultó mi caminar, cada vez me sentía más incómodo, todo se hacía más difícil, pero aún era joven y creía inocentemente que podía con esa carga. Cada conflicto significaba sumarle un mayor peso sobre mis hombros, ciego como estaba, simplemente no me importaba, llegue a un punto en que ese peso fue tal, que además de impedir mi avance, me empezó a hundir, empecé a crear un hueco, y lo peor fue que me acostumbre a vivir en él.

El tiempo pasó y vi como al contrario no pasaba nada en mi vida, trataba de salir sin soltar mi carga, era imposible hacerlo. Estando en ese hueco, oscuro, solo con mi dolor, decidí conocerme, empecé a preguntarme por qué estaba ahí, que me había llevado ahí, al inicio culpe al mundo, culpe a todos, es más sencillo hacer eso que aceptar el error propio. Entendí que fui yo quien me llevó a esa situación, después de culparme y pasar a la aceptación, tuve la claridad para comprender lo siguiente: como yo me lleve hasta ahí, yo podía sacarme de ahí, dejando atrás el ego y el egoísmo, supe que lo podría hacer más rápido si permitía que me ayudaran, pues muchas veces, la personas pasaban y me veían en mi hueco y me decían si quería ayuda, y yo encerrado en mis pensamientos, dije muchas veces con desprecio y orgullo que no, que yo podía solo.

Ese fuego en mi interior no era malo ni bueno, solo dependía de cómo lo utilizaba, todos tenemos muchos talentos que no sabemos utilizar o lo hacemos de la forma incorrecta. El fuego nos sirve para: calentar el agua, cocinar alimentos, calentarnos, y otras cosas más, si le queremos poner una categoría diríamos que eso es bueno. Sin embargo, el fuego también puede incendiar casas, cultivos o hasta quemarnos hasta la muerte. Mi fuego muchas veces lastimó a otros, los quemó, dejando cicatrices.

Dicen que el que juega con fuego puede quemarse, eso también me pasó, resulte quemado, esas cicatrices que están en mi interior, son un recordatorio para hoy en día pueda hacer las cosas diferentes, las pueda hacer mejor, entendiendo que este es un proceso de aprendizaje y crecimiento, cada día tengo la oportunidad de ser mejor. En varias ocasiones yo no empecé el incendio, es decir, la discusión o la pelea, pero tampoco hice lo posible por apagarlo, al contrario, lo alimenté más, decía o hacía cosas peores, es como tratar de apagar un incendio echándole gasolina o leña. Yo tenía la posibilidad de no aumentarlo, era mi decisión, era una responsabilidad hacia mí, lograr controlar mi fuego, controlar mis emociones.

En mi hueco, reflexionando, entendiendo y conociendo realmente quién era yo, empecé a sentir de nuevo ese fuego, esta vez era diferente, con mayor intensidad, pero no me quemó, ese fuego empezó a iluminar mi camino y pude ver la salida. Lo logré, salí y empecé a caminar de nuevo, atrás dejé las culpas y miedos. Aprendí que muchas veces mi luz puede iluminar el camino de otros, y cuando mi luz disminuye permito que otros iluminen mi camino.

Evitemos pensar que así somos y ya, que no hay nada más, cerrarnos a la posibilidad del cambio, nos lleva un espacio limitado y donde quedamos aislados, nuestros sueños se asfixian hasta desaparecer, el fuego interior se agota y quedamos en tinieblas. El cambio es conocernos, es explorar lo que llamamos bueno y malo de nosotros, es dejar atrás lo que no nos deja avanzar, cambiar es: permitir que nuestro fuego sea luz para nosotros y los demás.

Fuente: BRPrensa Digital - Diego E García Cañón

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