Cultura

 domingo 28 de marzo de 2021

 

Llega el Rey a Jerusalén: Domingo de Ramos

Foto: La voz de Durango

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Una historia más del amor de Jesús que pasamos desapercibido.

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Unir la palabra 'Rey' con el término 'burrito' puede sonar un tanto incoherente, pero lo cierto es que Jesús, el Rey, entró a la ciudad de Jerusalén en un pequeño asno que nunca nadie había montado antes.

Sus acompañantes, los discípulos, aplaudían y daban voces mientras él avanzaba. Así mismo, todos los habitantes de la ciudad arrojaban ramos, tendían sus mantos por el camino y gritaban alabanzas como: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” o “¡Hossana!”.

El libro de San Marcos narra esta historia en su capítulo 11, pero para el lector surgen muchas dudas. ¿Por qué Jesús ingresa a Jerusalén en una entrada triunfante?, ¿por qué no entró caminando y sin aplausos como lo hizo en los otros lugares que visitó?, ¿por qué si es Rey tuvo que entrar montado en un burrito?

Para comprender lo sucedido es necesario remontarnos cuatro años atrás, cuando el Cesar cruzó el río Rubicón, invadió Roma con sus tropas, venció en la guerra y se hizo llamar cónsul y dictador perpetuo.

Jesús comenzó su ministerio a los treinta y tres años de edad. Su entrada triunfante en Jerusalén marcaba el inicio de los tiempos finales de Jesús antes de ser crucificado.

Marcos 11 narra en sus primeros versículos (del 1 al 4), cómo Jesús le pide a sus discípulos que vayan a buscar un burrito, que estará atado junto a una asna, para que Él ingresara a Jerusalén y les aclara que si alguien les pregunta por qué tomarán el burro, ellos responderían: “el Señor lo necesita y en seguida lo devolverá”.

Sin lugar a duda fue una encomienda un tanto extraña para los discípulos, quienes obedecieron sin chistar y respondieron según Jesús les había mandado.

Con estos cuatro primeros versículos la historia muestra que Él era realmente el Rey, pues en su soberanía conocía dónde habría un burro y conocía el corazón de sus dueños, de modo que sabía que estos aceptarían llevarse el burro.

Cesar no era dios, ni soberano y aún sabiendo que contaba con mortalidad, gobernaba con dictaduras, con tropas de guerra y declarando su autoridad.
A diferencia del Cesar, Jesús, quien si es Rey, ingresó en un burrito, con sus discípulos; es decir, con carácter de siervo. La Biblia narra en diversas ocasiones, que Jesús siempre servía a los demás, se involucraba con los pecadores, sanaba a los más necesitados, brindaba amor a todos por igual sin importar la condición.

La humildad y el amor de Jesús puede llegar a tal dimensión, que sabiendo que siete días después aquellas personas que gritaban “¡Hossana!” serían las mismas que le llevarían a la cruz y a pesar de eso decidió entrar a Jerusalén, les amó, les enseñó y les hizo milagros por siete días.

Domingo de Ramos es la representación de una falsa coronación del verdadero Rey, pues aunque muchas personas aclamaron aquel día, lo cierto es que días más tarde se hizo evidente que no sabían qué clase de Rey habían tenido siempre delante.

El inicio de Semana Santa significa revivir una historia más del amor de Jesús que pasamos desapercibido.

Fuente: BRPrensa Digital - Angie Sánchez

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