Opinión

 martes 31 de agosto de 2021

 

Es el tiempo de la gente

Foto: BRPrensa Digital - Karen Simbaqueva

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Da para todo, para bien o para mal, para eslogan de campaña, como el del ex presidente del 8.000: “Es el tiempo de la gente”, que solo llevó a perdedera de gestión, de recursos y aumento exponencial de la corrupción.

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No paramos de desperdiciar el tiempo, por mano ajena o por la propia.

“El tiempo de la gente”, lo más sagrado para todos, el transcurrir de una vida, que desde los altos niveles de gobierno y de empresa nos hacen perder todos los días, millones de horas sentados haciendo trámites inútiles, o esperas en “despachos” (ojalá despacharan) públicos, colas para muchas cosas en audiencias o en citas de EPS e IPS.

Algo que denota desprecio por el ciudadano común, y mucha falta de educación que demuestra el causante, pues como lo estableció Manuel Antonio Carreño, el venezolano del “Manual de Urbanidad”: “Seamos severamente puntuales en asistir siempre a toda reunión de que hayamos de formar parte, a la hora que se nos haya señalado y en que hubiéramos convenido. En ningún caso tenemos derecho para hacer que los demás aguardan por nosotros; y siempre será visto como un acto de irrespetuosa descortesía el concurrir tarde a un aplazamiento cualquiera”.

Algo que sigue tan vigente, de personajes 'tan' austeros en el respeto por el tiempo ajeno como son los banqueros que han aprovechado el virus chino para cerrar ventanillas para disfrutar viendo a la gente en colas más nutridas. Luego en el frente virtual gana de a $ 5 mil por transacción electrónica. Más ahorro en mano de obra y más ganancia gracias al Internet. Por punta y punta utilidad.

Un país que no valora el tiempo y que es indiferente ante las congestiones viales como en Bogotá, Cali, Barranquilla o en donde sea. Siempre por lo mismo, por el mal actuar del vivo, el mismo que se pasa por encima las colas y que siempre va tarde. El que propicia las congestiones y la pérdida de tiempo para todos, por el parqueo o el descargue prohibido sobre las vías públicas. El contratista que se gasta el anticipo recibido para reparar una calle y destina un obrero a que en seis meses concluya el trabajo que pudo haber terminado tan solo en treinta días.

El tiempo que pierden los desempleados pasando hojas de vida, acudiendo a entrevistas. El medio día o día entero de quien espera en casa para que llegue el técnico que hará la “revisión periódica de gas natural”, y si no llega, suerte a la próxima.

El tiempo que nada vale para quien vive y pervive gracias a los subsidios estatales del que se acostumbra a sobrevivir por la caridad estatal. El tiempo despilfarrado en las controversias entre politiqueros, con frecuencia estimuladas por comunicadores radiales. El tiempo de jueces y de ciudadanos derrochado en los estrados gracias a leguleyos y malintencionados. El tiempo que roban a la gente de bien los impunes autores de los “bloqueos” y de los especialistas en paros, estos a quienes se aplica que “más trabaja un gorgojo en un riel”. ¡Qué mal ejemplo para el país!. Y saber que el destiempo de estos exponentes gana terreno en nuestra sociedad, mientras crece y crece el hambre. Qué esperanzas para la Patria, como dicen…

El tiempo que perdemos por voluntad propia, y por las millones de horas dedicadas al WhatsApp; el tiempo mal usado con alguna dosis de agresividad gracias al Twitter; el tiempo que se nos va en conversaciones telefónicas bobaliconas; más de uno está idiotizado en los juegos electrónicos y tanto así que los chinos restringieron el uso a los jóvenes a solo tres horas al día; y peor aún el tiempo perdido de muchos funcionarios en revisar millares de correos.

Saber usar el tiempo debe ser nuestro propósito nacional, pero sucede todo lo contrario, siendo esto una característica del subdesarrollo. Desgraciadamente en esta condición nos hundimos. Con razón, cuando Estados Unidos era modelo de una sociedad austera, productiva y organizada, entre su gente primaba el modismo “time is money” y lo respetaban sagradamente.

Allá ellos, quienes usan su tiempo en la maldad o en el ocio profesional. Quienes lo valoramos, hagámoslo respetar, para vivir en abundancia, ser útiles a la sociedad, producir más y quejarnos menos, gozar de nosotros mismos, y de amigos y familiares. El tiempo perdido es irrecuperable.

Fuente: Claudio Ochoa

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